Salgo con la sensación de que me han ordenado la casa sin hacer ruido — Crítica de Hierro 3

Hierro 3 transforma una historia de intrusos, casas vacías y amantes silenciosos en una fábula extraña, delicada y cada vez más irreal sobre la invisibilidad.
Ficha técnica
- Título original: Bin-jip (
빈집) - Dirección: Kim Ki-duk
- Intérpretes principales: Jae Hee, Lee Seung-yeon, Kwon Hyuk-ho y Joo Jin-mo
- País: Corea del Sur, Japón
- Año: 2004
- Duración: 95 minutos
- Género: drama, romance, crimen
Sinopsis
Un joven que ocupa temporalmente viviendas vacías sin robar nada encuentra en una de ellas a una mujer maltratada. Desde entonces ambos recorren en silencio casas ajenas, refugiándose en los huecos que dejan las vidas de los demás.
Tráiler
Mi opinión
Kim Ki-duk era un tipo muy raro. Autodidacta sin escuela de cine ni pedigrí, ex soldado, ex obrero, ex vendedor ambulante, fabricaba películas a toda velocidad y con cuatro duros mientras los festivales europeos, que tienen debilidad por los salvajes con talento, le ponían alfombra roja. En su país le miraban con recelo, y sus últimos años fueron sombríos: varias actrices le acusaron de abusos y murió lejos de casa, en Letonia, durante la pandemia. No seré yo quien lo canonice. Pero me niego a que la biografía del autor me expulse de las películas, porque entonces habría que vaciar media historia del cine, y en esa mudanza perderíamos esta.
Hierro 3 cuenta lo siguiente. Un joven se dedica a colarse en casas ajenas mientras sus dueños están de viaje. No roba nada. Habita esas viviendas vacías con delicadeza de fantasma: se lava, duerme, riega las plantas, hace la colada, repara los cacharros estropeados y se hace una foto junto a los retratos familiares antes de esfumarse. Hasta que en una de esas casas, que creía deshabitada, descubre a una mujer hermosa y machacada, la esposa maltratada de un tipo violento y próspero. Y ella, en vez de llamar a la policía, se va con él. A partir de ahí, estos dos vagan de casa en casa, amándose en los huecos que dejan las vidas de los demás.
He escrito “cuenta” y debería corregirme, porque aquí nadie cuenta nada: los dos protagonistas no cruzan una sola palabra en todo el metraje. Reconozco que semejante propuesta, leída en un programa de festival, me habría hecho huir, porque el silencio como coartada artística suele ser el disfraz favorito de la nada, y llevo sufridas demasiadas misas laicas de ese palo. Pero este silencio no es pose, es método. Los amantes se comunican con gestos mínimos, con miradas, con la manera de ocupar el espacio del otro, y Kim Ki-duk filma esa pantomima con tanta precisión que los diálogos no solo no se echan de menos: estorbarían. Hay humor, además, cosa insólita en el cine de festival, porque cada casa allanada depara su sorpresa, de lo cómico a lo macabro. Y está el palo de golf del título, ese hierro 3 que el marido usa para su deporte de ricos y que el intruso convierte en herramienta de justicia y de culpa, aunque la metáfora de las pelotas estrelladas roce alguna vez el subrayado. Se lo perdono. Al villano de una pieza que compone el marido, brocha gorda en una película de pincel fino, le perdono algo menos.
Jae Hee logra que un allanador de moradas resulte el ser más inofensivo y elegante del mundo, todo levedad, un gato que hubiera aprendido a planchar. Y Lee Seung-yeon hace el viaje más difícil: pasar del rostro tumefacto y apagado del principio a una luminosidad creciente, sin apenas pronunciar palabra, solo con la espalda cada vez menos encogida. Llevo días pensando en esa espalda.
En su tramo final la fábula se despega del suelo. El protagonista aprende en la cárcel a convertirse en invisible, a existir en el ángulo muerto de la mirada ajena, y la película se atreve con una imagen última, una báscula que marca cero, que cada espectador tendrá que decidir si es un truco o un milagro. Yo elegí el milagro, y sospecho que ahí me estaba esperando el director desde el primer plano. Todo el prodigio cabe en hora y media, por cierto, que hay virtudes que conviene celebrar en voz alta.
Salgo de Hierro 3 con la sensación de que me han ordenado la casa sin hacer ruido. Alguien ha entrado, ha regado las plantas, ha reparado un par de cacharros que yo daba por rotos y se ha marchado dejando una foto. Pocas películas se cuelan así.


